Al fin ya estaba en casa, no había nada mejor que estar en la tranquilidad de su habitación luego de un día de mucho ajetreo, como de costumbre la pieza estaba desordenada, sin embargo era una forma de afirmar que aquel lugar era su espacio personal, se puso ropa cómoda, y se recostó en su cama a recuperar el aliento de aquella caminata bajo el sol, afuera se escuchaba la voz de su hermana que conversaba por el teléfono, ya había llegado del trabajo...
Anne Samsa, su hermana mayor, era totalmente distinta a el, no parecían haber sido criados por los mismos padres; Anne era muy sociable, vivía asistiendo a eventos, planeando proyectos con sus amistades, el estar en casa era una especie de prisión para ella, siempre tenia que estar en movimiento, siempre planeando algo... tenia una personalidad un poco volátil, si no conseguía hacer lo planeado perdía su pasividad con extrema facilidad, la soledad parecía ser para ella su enemigo más temido; había llegado del trabajo y ya hablaba sobre lo que ella y sus amigas harían tarde en la noche, para R. Samsa que en realidad no le daba mucha mente a las actividades de su hermana aquello le parecía un extremo, el entendía que si él era el extremo de lo introvertido y lo asocial, su hermana era la representación del otro extremo, era como si al nacer ella hubiese tomado toda la capacidad y necesidad social para ella sin dejarle nada a el.
Pues así era, nada que en realidad preocupase a R. Samsa pues estaba conforme con su manera de ser, sin dejar de aceptar que estaría un poco mejor si fuese un poco más equilibrado en ese aspecto, pero la verdad es que una persona que es tan alérgica a la soledad como ella deja de percibir muchas realidades y aspectos de su interior esénciales para su crecimiento intrapersonal, no concebía vivir tan de volada.
-¡¡ R. !! - dijo vociferando Anne - ven acá un momento
- ¿que sucede Anne?- dijo R. mientras salía de su habitación.
-He hablado con mamá y me ha dicho que necesita que busques un pedido donde la Sra. Ortega, que vayas en este instante.
-Seh seh - dijo R. con expresión de dejadez
La Sra. Ortega era la vecina que vivía a un par de cuadras, la vieja chancluda vendía todo tipo de productos para el cabello y acababa de recibir los pedidos de la madre de R. Samsa, así que se puso una ropa rápidamente y se colgó una gorra en la cabeza, en el camino observaba algunas nubes y meditaba:
"Doña Carmen Ortega, jeje, la que todo lo dice a modo de reprimenda, nunca la he visto hablar de manera pausada... da la impresión de ser una persona que intenta disipar sus propias faltas y frustraciones viendo y resaltando las de los demás, la persona más chismosa y con la lengua más venenosa que conozco, el solo hecho de tratarla me produce una sensación desagradable, ya sé que criticara mi forma de vestir al verme y quien sabe sobre que más chillara pero como dice el dicho: -el saber y la razón hablan; la ignorancia y el error gritan-, pobre señora Ortega, es un parasito, sin intencion de juzgarla... jaja"
Ya estaba a una cuadra cuando divisa a lo lejos un rostro familiar, era Keko que charlaba con una niña de rizos dorados.
-Me pregunto quien será esa niña- dijo R. Samsa pensando en voz alta…
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